Ser INteriorista es jodidamente interesante. Es resolver situaciones más o menos complejas aquí, en la Tierra. El cielo y los Mundos de Yupi los dejamos para el arquitecto. Los cuadros y las cortinas para el decorador, y la estricta normativa sobre formatos de pintura en las cavernas para los Colegios.
Ser INteriorista es tener paciencia, es esperar. Esperar la musa, esperar la idea, esperar al cliente, al de verdad, que los hay, no al que te hará perder tiempo y energía.
Ser INteriorista es regalar, es ser generoso. Tan generoso como idiota. Regalar tiempo y paciencia. Regalar formación. Regalar sonrisas. Regalar ideas. Para muchos un INteriorista es como una enciclopedia de ideas. Creen que con una caña y una visita al espacio en cuestión —eso sí, cuando salen del trabajo— las ideas brotan cual geranio en primavera.
Ser INteriorista es demostrar. En cada esbozo, en cada conversación, en cada anteproyecto, en cada idea… Ser interiorista es dar de comer y jugarte la cuenta en el postre.
Ser INteriorista es ser veloz. Veloz como un guepardo y preciso como un arquitecto, de interiores claro. Dibujar papeles no requiere tiempo, solo es ponerse. Tener ideas tampoco, están en la enciclopedia. Ahora, poner un ladrillo encima de otro ya exige tiempo, experiencia y talento. Al menos eso dicen.
Ser INteriorista es aceptar que te juzguen por lo que se ve. Lo que hay detrás de la pintura no sale en las fotos. La pasta que se ahorra tu cliente tampoco. Todo empieza y acaba en un «no me gusta», o lo que es peor, en un «me gusta» que te deja en blanco.
Ser INteriorista es ser permeable. Aceptar que tus clientes han estudiado en la misma universidad que tú y, por supuesto, con mejores notas. Tú analizas, tú imaginas, tú dibujas… ellos deciden. A veces es difícil entender por qué te contratan.
Ser INteriorista es asumir riesgos. Riesgos impuestos por el «quiero algo diferente» sin caer en la cuenta de que solo el valiente se atreve a ser diferente. Porque para ser diferente hay que imaginar, hay que crear, hay que volar y nunca pisar tierra firme. Ser INteriorista es ser diferente per se. Copiar es más fácil y seguro, seguro de fracaso.
Ser INteriorista es ahuyentar las modas creadas por «decoradores» al servicio de mercaderes del gusto. Es retorcer el destino para no cruzarse con el ego de algún arquitecto despistado huyendo de las artísticas goteras de su «obra».
Ser INteriorista es luchar, luchar contra el desconocimiento, luchar contra el descrédito, contra el vendehumos, el cuelgacuadros, el artista, el aprovechado, el dibujante, el colocamuebles. Ser interiorista es ser valiente, de nuevo. Volar. Volar. Volar y luchar, aquí, en la Tierra. Ya sabes.
Ser INteriorista es ser honesto. No engañar. No engañar. No engañar. Ser interiorista es resolver problemas a través de la prescripción. Es encontrar la mejor solución. Ser interiorista es diseñar y prescribir, diseñar y prescribir, diseñar y prescribir. Prescribir y diseñar es otra cosa. Prescribir y diseñar es, simplemente, comisionar. Prescribir y diseñar es engañar. Eso no es ser interiorista.
Ser INteriorista es invertir. Invertir tiempo en ver, observar, analizar y charlar un rato… y «que me des unas ideas». Ser interiorista es dar, ofrecer y aceptar que se espera de ti una genialidad, un amplio y despejado espacio en el trastero, un zulo iluminado o una escalera plana. Algo que te haga merecedor del designio, de que te hayan elegido por delante de la sobrina del tío, aquella con tanto gusto.
Ser INteriorista es ser todo esto. Es Ser. Y para Ser, es necesario ser libre. Ser INteriorista es… Ser Libre.
Imagen Joshjanssen.
Muy buen post. Soy interiorista, y lo has descrito a la perfección. No somos arquitectos, no somos decoradores, pero tenemos parte de ambos.
Buena descripción Iván.
Por suerte existen clientes que sí saben y valoran nuestro trabajo, no son fáciles de encontrar pero existen. Y sí, un interiorista puede aportar valor a la sociedad, pero si es difícil encontrar un cliente aún más es contratar un proyecto con valor social.
Llenar la nevera en muchos casos nos limita a lidiar con todos esas personas que no entienden que es un interiorista y el valor que puede aportar, tanto a nivel económico como en la calidad de vida de las personas.
Saludos
Hola! No lo has podido describir mejor, Iván!
Yo también soy interiorista, y aunque sí hay clientes que aprecian nuestro trabajo, por desgracia la sociedad en general aún no nos valora como debería… Seguiremos luchando y esperemos que esto cambie lo antes posible…
Enhorabuena por el post! Saludos!
Hola.
Soy interiorista. Actualmente trabajo de jefe de estudios en una constructora. A veces hemos tenido clientes muy abiertos al diseño de sus viviendas y he logrado seducirles mediante las herramientas que dominamos los de nuestra estirpe, como el estilismo, los acabados, perspectivas, etc. Otras veces solo es una cuestión puramente económica y sienten que el diseño solo encarece. Que quiero decir con esto. Pues que el merito del interiorista es lograr que un cliente potencial y desinteresado por estas artes, a las cuales considera solo un sacaduros, se enganche de manera irremediable y logres cambiar su percepción de las cosas. Por lo tanto, ser interiorista en conseguir enamorar……Ser interiorista es ser un seductor…
¡Saludos¡
Hola soy Interiorista y diseñador Industrial, las dos profesiones, Me pareció un poco dramático el toque, pero tiene mucho mas transfondo que un decorador, y mas libertad creativa que un Arquitecto, no solo diseñamos interiores, diseñamos espacios cercanos a las personas, jardines, parques, restaurantes, hoteles, entre otros.
Que razón! Cada punto describe al menos uno de los clientes que he tenido. Mucha paciencia y ganas hay que tener en este oficio.
Un saludo!
Excelente articulo; sensato y muy real, comparto cada palabra ,ser interiorista y mas aun serlo en un país latinoamericano es complicado pero el ser valiente y volar como dices es lo que al fin de cuentas te permite mostrar resultados y salir adelante.
Que un articulo te saque mas de una sonrrisa es realmente inspirador, gracias!!!
Querido Iván, gracias de nuevo por ofrecernos un tema que fomente el sanísimo debate.
Ya lo he compartido, primero porque estoy de acuerdo y segundo porque, aunque no lo estuviese creo que reflejas el punto de vista de muchos compañeros de profesión.
Sin embargo tengo la sensación de que nos dejas solo la cara A del asunto. Permíteme aprovechar la oportunidad para contar yo la cara B.
Un interiorista es un afortunado. Es uno entre un millón. Uno que ha tenido la suerte de dedicarse a lo que le gusta – y si, digo la suerte, porque muchas personas se levantan temprano cada día para hacer durante 8 o 10 horas un trabajo que aborrecen.
Un interiorista es un servidor público. Mejora la calidad de vida de los que lo contratan y mucho más allá, la de aquellos que usan sus espacios, miles de desconocidos que ni nos conocen ni les importamos lo más mínimo. Ellos sí nos importan. Lo demostramos aplicando criterios estéticos, ergonómicos, ecológicos y mil más en todo lo que hacemos.
Un interiorista es un creador de oportunidades. Oportunidades para clientes, contratistas, técnicos, operarios, montadores que durante una mayor o menor porción de sus vidas se dedicarán a materializar lo que poco antes era abstracto. Oportunidades de crear, en sentido literal, materializar, hacer un buen trabajo, y sentirse satisfechos por ello.
Un interiorista es un creador de riqueza. Porque convierte la materia prima inanimada en algo nuevo y vivo, mucho más valioso que antes. Con un tablero de DM y dos litros de laca podemos hacer maravillas.
Podría seguir, pero no quiero aburriros con mi optimismo.
Solamente otra anotación: cada cual nos dedicamos a lo que nos dedicamos, y no es necesario satanizar a quién no ha tenido la suerte de dedicarse a esto. En mi lista de colaboradores hay arquitectos, aparejadores, decoradores, ingenieros, infógrafos, delineantes, y otros muchos no-técnicos que también aportan lo suyo, como carpinteros, tapiceros, pintores, etc…Cuando iniciamos un trabajo lo hacemos en equipo, cada uno se dedica a lo que sabe hacer, y trabajamos en perfecta armonía. El complejo de Dios de algunos profesionales ha desaparecido con la crisis y los nuevos profesionales, jóvenes titulados que han vivido las vacas flacas en sus casas, están deseosos de aprender y colaborar con cualquiera que tenga algo que aportar.
Conclusión: Sonríe querido Iván, que se diría que estés enfurruñao! Sigue disfrutando y no te olvides de lo afortunados que somos, a pesar de todo! 😉
Hola Carlos, me alegra muchísimo saber que un diseñador de interiores este feliz… no es mi caso he perdido todo el entusiasmo y fuerza, no veo salida.
Gracias por tu optimismo.
Como de costumbre muy acertado Iván.
Al igual que los comentarios precedentes.
Hay muy buena hornada de nuevos interioristas que ven esta profesión en versión 2.0.
Estoy seguro que nuestra labor acabará haciendo efecto en esta sociedad española tan necesitada de innovación y sensibilidad.
Que sigan apareciendo clientes de los de verdad aunque sea de vez en cuando. Siempre digo que no hay buenos proyectos sin buenos clientes. Sin los últimos nada sería posible…
Abrazos y optimismo.
Me ha encantado. Divertidísimo y totalmente realista! Sin duda gratifica mucho encontrar por escrito (y tan bien expresado) todo lo que sentimos en nuestro día a día. Felicidades!
Sencillamente genial!!… En dos palabras Ivan, BRA-VO 😉 Hacía mucho tiempo que no leía un post tan acertado, tan bien descrito y sobretodo con ese enfoque tan personal. Felicidades.
Imposible describir mejor mis sensaciones diarias.
Gracias por ponerlas sobre el papel.
No soy decoradora, y no sabría decirte si es un manifiesto de humor ácido o negro… pero como interiorista te doy la enhorabuena. Me siento identificada a cada párrafo.
Hola a todos,
Gracias ante todo, Iván, por transmitir con tanta claridad lo que muchos pensamos a pesar de que, en mi caso, la perspectiva desde la que veo todo esto cambia un poco ya que no soy interiorista… sino arquitecto… pero tranquilo que no vengo a sembrar polémica, sino a acercar posturas y a mostrar que hay excepciones que (por suerte) confirman la regla 😉
He de reconocer que me da mucha pena que sea ésta la imagen que damos los arquitectos… seguro que los profesionales que crecieron como tal hace unos años, durante el boom el ladrillo, tienen otra visión del asunto más supraterrenal… y lo veo respetable, pero los tiempos han cambiado y quiero creer que hay muchos más compañeros que piensan como yo.
Al igual que entre auxiliares, enfermeras y médicos no exiten esta clase de rencillas, me gustaría ver pronto que de una vez por todas los profesionales del diseño, vengamos del ámbito que vengamos, aprendemos a respetarnos y a hacernos respetar… porque sino, mientras tanto, los únicos que seguirán beneficiándose de estas disputas absurdas serán los albañiles que ejercen de aparejadores, las vecinas especializadas en revistas de decoración que saben mejor que nosotros lo que se lleva, los comerciales que se creen project managers y demás pirañas hambrientas… en definitiva, los que están logrando convencer a la sociedad de que «no hacemos falta».
Por suerte para mi, mi socio no es arquitecto. Es diseñador industrial, especializado en el diseño de mobiliario, de iluminación y en arquitectura efímera, y el hecho de venir cada uno de un extremo de la cuerda ha hecho que aprendamos a trabajar de un modo mucho más permeable y transversal, más amplia… y más sobre el terreno… fórmula que, dicho sea de paso, muchos compañeros no terminan de entender, pero que a nosotros nos encanta. Y a los clientes, que al final es lo que importa.
Haciendo referencia a lo que comentas en el post, me identifico mucho más con los profesionales que trabajan desde la Tierra que con los que lo hacen desde los «mundos de Yupi» (donde, dicho sea de paso, también se puede encontrar a algún que otro interiorista despistado :P).
Soy de las que cree que, como comentaba alguien por aquí, no hay malos ni buenos proyectos sino clientes para todos los gustos… pero también hay profesionales de todas las clases…
Ahora somos precísamente nosotros los que debemos de «reeducar» a la sociedad para que comprenda que somos necesarios, no accesorios, y que no hay nada mejor que encontrarse con un cliente de los que son exigentes pero a la vez saben que para resolver esta clase de asuntos deben acudir a un profesional (que para algo estamos) y dejarle hacer (que para algo somos los que sabemos cómo).
Saludos desde Asturias
Simplemente genial !!!
Gracias por contar lo k todos pensamos , y lo más sorprendente , pese a todo , a todo y a todo de lo que describes con tanta exactitud , sabes lo que pienso , que todo esto nos hace más fuertes dia a día y que la motivación , y el cariño por nuestra profesión es superior a todas estas adversidades ( que son muchas el día a día ) .
GRACIAS desde Donosti !!!
Lo re-publicare y seguiremos tu consejo de que opine la gente , que siempre es constructivo .
La verdad es que hay que agradecerte que compartas y difundas las labores de un interiorista.
Por desgracia en nuestro país es un concepto que aún se desconoce. No se si os ha pasado, cuando entras en una conversación:
-¿A qué te dedicas?
-Soy Diseñadora/or de Interiores
-Ah! ¿Decorador?
En ocasiones para evitar la confusión digo que soy Arquitecta de Interiores, pero da igual, porque lo confunden con Arquitectura.
No tengo nada en contra Ni de los Decoradores ni de los Arquitectos. Pero siento una rabia profunda cuando no se aprecian los 4 años de carrera, el esfuerzo, y ya no hablamos de la inversión.
Por no hablar de que estos estudios se imparten en centros apartados y no en las universidades… se nos llama » estudios artísticos NO universitarios» Y para rematar, con la crisis, cada vez las profesiones se mezclan más. Me molesta bastante que arquitectos que antes «eran superiores por tener más estudios» ahora me quiten el trabajo (Y OBVIO QUE GENERALIZO). Pero los que amamos esta profesión debemos aportar nuestro granito y que se nos reconozca.
Ojala Aunque sea utopía, suceda algún día lo que en otros países, y es que cada profesión tenga su hueco, sin mezclarse.
Magnífico post Iván, un reclamo claro a la ofensa constante que tenemos en esta profesión…Muy identificado con cada Ser…y lo que conlleva.
Gracias! Lo comparto.
Hola, mi nombre es Rodolfo, soy Venezolano y vivo en México, no se porqué pero si creo que diseñar, crear, aprovechar espacios, luz y dar vida a un ambiente es lo lió, comencé en Venezuela cuando por allaaaaaaa en 2003 compré mi primer departamento, diseñe la cocina en esos tiempos (creo yo) eran tendencia las líneas curvas y proyección abstracta de luces, pues así sin.más sólo lo que tenía en la testa salió a flote y el maestro de obra me escuchaba las ideas y ponía cara de tailandés, es decir no me entendía un coño, pero bueno.luego de laboriosidad explicaciones y buscar materiales que nadie más se le ocurriera, colores que nadie más tuviera hice mi primer frankestein le quedó de lujo era simplemente «diferente» , mis vecinos iban a mi microdepartamento de 47m2. Sólo a ver mi cocina, luego seguí una que otra cosita hacia «diferente» y siempre (modestia aparte) me quedaba bien, pues bueno toda esta historia es para decirles que me apasiona diseñamos interiores y pronto lo haré Dios mediante, mi profesión aunque no haya estudiado ni poquito del tema, (para ser sincero hasta ahora me voy a empapar un poco más, noooo quiero decir muchísimo más, ) quiero hacer de esto mi trabajo y con algo de suerte, con la buena de Dios y el apoyo de mi familia a mis casi 40años emprendedores este reto con la esperanza de realizar eso que dicen, si amas lo que haces no es un trabajo es un placer. Espero me manden buenas vibras y suerte.
Completamente identificada con todas las reflexiones sobre interiorismo, soy arquitecta y muy seguido me encuentro en situaciones similares con mis clientes. Me gustan tus artículos ya que trabajo principalmente diseñando interiores, agradezco que los compartas.
Iván, una vez más pones palabras a nuestros sentimientos diarios. Nosotros ahora también estamos pensando en tomar nuestro tiempo para los proyectos y tratar de no dejarnos llevar por las prisas, espero que un día nos lo consigamos y nos lo valoren. Un saludo
Iván ¡lo mejor que he leído en la última década o dos!! servida en bandeja de oro,que tanto se lleva ahora, y que me ha hecho reír por no llorar de esta nuestra divertida e irónica profesión que me genera esa misma perplejidad sin importar los que lleves ejerciéndola.La consultora gratuita, del buen gusto a la carta de todos los usuarios, formados o no…y un largo etc.
Un placer leerte.Gracias!